La diputada Martha Aracely Cruz exige reforma constitucional fulminante: usos y costumbres jamás justificarán el matrimonio infantil.

Un contundente e implacable golpe contra la impunidad y la violencia de género se proyecta en el Congreso de la Unión, al desatarse una ofensiva legislativa armada con garras de hierro para blindar la vida de la primera infancia. La diputada Martha Aracely Cruz Jiménez, integrante de la trinchera del PT, ejecutó una estrategia de choque al presentar una iniciativa de reforma al artículo 2º de la Carta Magna, con el objetivo prioritario de sentenciar constitucionalmente que bajo ningún escenario el ejercicio de los usos y costumbres podrá justificar la celebración de matrimonios infantiles o uniones forzadas.

La línea de fuego de esta propuesta, turnada de inmediato a la Comisión de Puntos Constitucionales, plantea con mano dura que los sistemas normativos indígenas deben someterse por completo y armonizarse de forma obligatoria con el interés superior de la niñez. El búnker legal establece que el derecho a la libre determinación de los pueblos jamás podrá ser invocado como un escudo de impunidad para sustraer a los menores de edad de la protección reforzada que la Constitución y los tratados internacionales les otorgan, aplastando de golpe cualquier interpretación permisiva.

La gravedad de la problemática persiste con saña en diversas regiones del país, donde la venta de niñas y adolescentes camuflada de dotes, acuerdos familiares o arreglos económicos sigue siendo defendida falsamente como tradición comunitaria. Cruz Jiménez demolió estos argumentos al sentenciar de forma enérgica que estas prácticas son una violación directa a los derechos humanos y una forma de violencia institucionalizada que genera secuelas profundas como el abuso físico, la interrupción educativa y la reproducción de la pobreza.

Para cerrar filas en este lunes 8 de junio de 2026, la trinchera legislativa refrendó su postura inamovible de erradicar los vacíos jurídicos que permiten las uniones tempranas informales en contextos de marginación. Al consagrar que la autonomía cultural no es una patente de corso para violar la dignidad humana, la aprobación de esta reforma de choque promete triturar las ambigüedades legales, decretando con fuerza absoluta que el matrimonio infantil no es una práctica cultural ni una herencia sagrada, sino un crimen y un acto de violencia estructural que el Estado mexicano está obligado a erradicar de forma definitiva.