Ni el VAR los vio: El tercer tiempo donde las risas curaron los "derechazos".

 Según información recabada a discreción —donde el informante pidió mantenerse en el anonimato—, entre la banda que presenciaba el zafarrancho estaba nada más y nada menos que Javier Torres, mejor conocido en el bajo mundo futbolero como “El Bolas”, entrenador de barrio, formador de jugadores… y dicen, también de carácter fuerte “de toda la vida”.

“El Bolas” observaba la escena con la sangre hirviendo mientras a su pupilo, “El Esperma”, le acomodaban aquellos dos derechazos que lo dejaron viendo estrellas. Por momentos, cuentan, se le notaban las ganas de brincar la línea y meter las manos… pero en el código no escrito del barrio hay reglas: el uno contra uno se respeta. Y esa noche, se respetó.

Ya entrada la media noche, cuando el polvo se asentó y los ánimos bajaron, llegó el verdadero ritual: el tercer tiempo.

El equipo de la Central de Bastos no perdonó la tradición y se quedó en la cancha. Las birrias bien frías comenzaron a destaparse una tras otra, mientras entre risas, carrilla y análisis “táctico” se reconstruía cada jugada del partido… incluyendo, claro, los misteriosos golpes que “nadie vio venir”.

Las bromas no faltaron:
—“¿En qué minuto te apagaron la luz, Esperma?”— soltaba uno.
—“Ni el VAR lo detectó”— respondía otro entre carcajadas.

El ambiente se volvió completamente otro. Algunos aprovecharon para sacar negocio entre la misma raza: fritangas, salsas caseras, botanas improvisadas… porque en el barrio, el emprendimiento también juega su partido.

En una esquina, los más veteranos ya estaban en su propia conversación profunda:
—“¿Ya cayó la del bienestar o qué?”—
Entre risas cómplices y tragos largos, la vida también se discutía ahí, entre cancha y banqueta.

Lo que minutos antes fue tensión, coraje y golpes, terminó convirtiéndose en una anécdota más. De esas que se cuentan toda la semana y se exageran el doble para el siguiente sábado.

Porque al final, más que un equipo… La Central es familia.

Uno a uno comenzaron a retirarse, entre despedidas, choques de mano y el clásico:
—“El sábado nos vemos, no falten.”

Y como cierre de la noche, Manuel “Meny” Mendoza tomó la palabra, agradeciendo a cada uno por dejarlo todo en la cancha, por el apoyo, por la entrega… por seguir defendiendo los colores como se debe.

Así es el futbol de barrio: con golpes, con risas, con cerveza, con orgullo.

Esto no es solo un juego…  
esto es pasión.

 

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