Vigilancia sin escape: el muro inteligente de EU convierte la frontera en un cerco digital.
Lo que inició como una propuesta de campaña del presidente Donald Trump evolucionó, para 2026, en un ecosistema de control fronterizo basado en tecnología avanzada. El denominado muro inteligente dejó de ser una infraestructura física limitada para convertirse en una red interconectada de vigilancia terrestre, aérea, subterránea y digital.
De acuerdo con la información proporcionada, en diciembre de 2025 el Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés) adjudicó contratos por 3 mil 300 millones de dólares a empresas como Fisher Sand & Gravel Co., con el objetivo de cerrar brechas críticas en la frontera sur, particularmente en Arizona y Texas.
La estrategia incorpora torres de vigilancia autónomas desarrolladas por firmas como Anduril, equipadas con software de inteligencia artificial capaz de identificar personas, animales o vehículos a varios kilómetros de distancia. A esta red se suman drones con cámaras térmicas, aeróstatos tácticos que operan como radares permanentes y patrullaje aéreo continuo.
Bajo tierra, se instalaron kilómetros de fibra óptica sensorial y sensores sísmicos que detectan vibraciones asociadas a pisadas o excavaciones. En el cauce del río Bravo, la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, autorizó la colocación de boyas inteligentes a lo largo de más de 800 kilómetros, además del despliegue de embarcaciones de la Guardia Costera equipadas con visión nocturna y radares de corto alcance.
Un componente central del sistema es la recolección biométrica. A partir del 26 de diciembre de 2025, la Regla Final del DHS estableció la captura obligatoria de biometría facial para todos los no ciudadanos que ingresen o salgan de Estados Unidos, incluidos menores de edad y personal diplomático. Esta información se almacena en el sistema Ident/Hart por un periodo de hasta 75 años.
El proceso se apoya en el Traveler Verification Service (TVS), que valida identidades mediante comparación facial en la nube en menos de 15 segundos. Según autoridades estadounidenses, esta tecnología ha reducido tiempos de espera y mejorado la detección en cruces fronterizos.
En paralelo, organizaciones civiles y de derechos humanos han advertido sobre los efectos colaterales del sistema. Reportes citados en la fuente indican que la intensificación de la vigilancia ha desplazado los cruces hacia zonas desérticas y montañosas de alto riesgo, incrementando la exposición a condiciones extremas y la fragmentación de grupos migrantes.
Además, para acelerar la construcción y operación del muro inteligente, el DHS ha emitido exenciones legales que permiten omitir disposiciones ambientales en estados como California, Arizona y Texas, lo que ha generado impactos en corredores de fauna y ecosistemas fronterizos.
Finalmente, la digitalización del asilo y el uso de aplicaciones móviles obligatorias han extendido el control más allá de la línea fronteriza física, creando una “frontera móvil” basada en geolocalización y análisis de datos, que permite al gobierno estadounidense monitorear flujos migratorios antes del contacto directo con autoridades.
Nota referencia: Excélsior.
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